De vez en cuando viene bien dormir: sueño y diabetes


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La falta de sueño puede incrementar las concentraciones de ácidos grasos libres en la sangre, acompañándose de trastornos prediabéticos temporales en hombres jóvenes sanos, según una nueva investigación publicada en línea en Diabetologia, la revista de la European Association for the Study of Diabetes.

El estudio, el primero en analizar la repercusión de la reducción del sueño sobre las concentraciones de ácidos grasos en 24 horas en la sangre, se suma a la evidencia emergente que indica que el sueño insuficiente –un trastorno muy frecuente en la sociedad moderna– puede alterar el metabolismo de los lípidos y disminuir la capacidad de la insulina para regular los glúcidos de la sangre. Indica que algo tan sencillo como el obtener suficiente sueño podría ayudar a contrarrestar la epidemia actual de diabetes y obesidad.

«A nivel de la población, en múltiples estudios se ha comunicado relaciones entre la restricción de sueño, el aumento de peso y la diabetes de tipo 2», dijo la Dra. Esra Tasali, profesora asistente de medicina en la Universidad de Chicago y autora principal del estudio. «Los estudios de laboratorio experimental, como el nuestro, nos ayudan a descubrir los mecanismos que pueden ser causantes».

Los investigadores descubrieron que después de tres noches de sólo cuatro horas de sueño, las concentraciones sanguíneas de ácidos grasos, que por lo general alcanzan su máximo y luego disminuyen en el curso de la noche, se mantienen elevadas desde aproximadamente las 4:00 AM hasta las 9:00 AM. Mientras las concentraciones de ácidos grasos permanecieron elevadas, se redujo la capacidad de la insulina para regular los glúcidos de la sangre».

Los resultados aclaran nuevos aspectos de las interrelaciones, descritas inicialmente por investigadores de la Universidad de Chicago hace 15 años, entre la pérdida de sueño, la resistencia a la insulina y el mayor riesgo de diabetes de tipo 2.

Los investigadores incluyeron en su estudio a 19 hombres sanos de entre 18 y 30 años de edad. A estos voluntarios se les vigiló a través de dos escenarios en orden aleatorio. En uno, obtuvieron un reposo durante toda la noche: 8,5 horas en cama (promedio de 7,8 horas de sueño) durante cuatro noches consecutivas. En el otro, permanecieron sólo 4,5 horas en cama (promedio de 4,3 horas dormidos) durante cuatro noches consecutivas. Los dos estudios fueron realizados por separado a intervalos de al menos cuatro semanas entre sí.

Se vigiló cuidadosamente el sueño de cada sujeto, se controló estrictamente la dieta y se obtuvieron muestras a intervalos de 15 a 30 minutos durante 24 horas, comenzando en la noche de la tercera noche de cada estudio. Los investigadores determinaron las concentraciones sanguíneas de ácidos grasos libres y hormona de crecimiento, glucosa e insulina así como las hormonas del estrés noradrenalina y cortisol. Después de cuatro noches en cada condición de sueño, se llevó a cabo una prueba de tolerancia a la glucosa intravenosa.

Observaron que la restricción del sueño daba lugar a un incremento de 15% a 30% en las concentraciones de ácidos grasos a horas avanzadas de la noche y temprano por la mañana. El incremento nocturno de los ácidos grasos (desde cerca de las 4:00 AM hasta las 6:00 AM) se correlacionó con un aumento en la resistencia a la insulina, un dato distintivo de prediabetes, que persistió durante casi cinco horas.

La reducción de la duración del sueño prolongó la secreción nocturna de hormona del crecimiento y condujo a un aumento de la noradrenalina en la sangre, y ambos factores contribuyeron a un aumento de las concentraciones de ácidos grasos.

Aunque no se modificaron las concentraciones de glucosa, la capacidad de la insulina disponible para regular las concentraciones sanguíneas de glucosa disminuyeron casi 23% después de un sueño breve, «lo que parece indicar», señalan los autores, «un estado de resistencia a la insulina».

«Definitivamente parece la negociación de un paquete», dijo la autora principal del estudio, Josiane Broussard, PhD, una ex estudiante de grado de la Universidad de Chicago que ahora es científica investigadora posdoctoral en el Instituto de Investigación de Diabetes y Obesidad del Centro Médico Cedars-Sinai en Los Angeles.

«La reducción de la duración del sueño produjo cambios intensos en la secreción de hormona del crecimiento y las concentraciones de noradrenalina, lo cual puede incrementar los ácidos grasos circulantes», dijo Broussard. «El resultado fue una pérdida importante de los beneficios de la insulina. Esta hormona crucial redujo su capacidad para realizar su función. La acción de la insulina en estos hombres jóvenes sanos tuvo un parecido a lo que solemos ver en las primeras etapas de la diabetes».

Los ácidos grasos libres y no esterificados en el plasma son una fuente de energía importante para la mayor parte de los tejidos del cuerpo. La necesidad de que los ácidos grasos aumenten durante el ejercicio, por ejemplo, en el que son utilizados por el músculo cardiaco y el esquelético; esto conserva la glucosa para su utilización por el cerebro. Sin embargo, el incremento constante de las concentraciones de ácidos grasos en la sangre se suele observar solo en individuos obesos y también en aquellos con diabetes de tipo 2 o trastornos cardiovasculares. Un estudio realizado en el 2012 por un equipo de investigación relacionado hizo hincapié en las relaciones entre la pérdida de sueño y la alteración de la función del adipocito humano en la regulación de energía.

«Este estudio abre las puertas para varias interrogantes muy interesantes», según un comentario en la revista por especialistas en sueño, Dr. Jonathan Jun y Dr. Vsevolod Polotsky, PhD, de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins. ¿Podrían las variaciones en las respuestas individuales al sueño breve explicar la susceptibilidad a las consecuencias metabólicas? ¿Podría la desregulación del metabolismo de ácidos grasos representar una vía común que vincule diversos trastornos del sueño al síndrome metabólico? y ¿Por qué los médicos clínicos no suelen preguntar a sus pacientes con respecto a sus hábitos de sueño?

El estudio proporciona evidencia para «mecanismos potenciales mediante los cuales la restricción de sueño puede asociarse a resistencia a la insulina y aumento del riesgo de diabetes de tipo 2», terminan diciendo los autores. Respalda la noción creciente de que el sueño insuficiente puede alterar el metabolismo de los lípidos. Asimismo, parece indicar que una intervención tan simple como dormir por tiempo suficiente podría contrarrestar la epidemia actual de diabetes y obesidad

Referencias:

http://www.uchospitals.edu/index.shtml

Tomado de http://www.medcenter.com/contentnews.aspx?pageid=128787&resource_center=364&langtype=15370&id=225839&esp_id=233

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