41. Puentes interdisciplinarios y concepto de conciencia


41. Puentes interdisciplinarios y concepto de conciencia

El cerebro no produce realmente el campo de conciencia y por consecuencia, buscar la conciencia por “dentro” de los circuitos físicos del cerebro es inútil, del mismo que lo es el buscar la imagen de la pantalla en los circuitos físicos del televisor. Los circuitos de diferentes componentes del cerebro, vendrían a ser una clase de “transductor” que permite que el cerebro perciba el campo de conciencia.
Por otra parte, la conciencia como campo hace necesaria la determinación de una totalidad de datos que se experimentan simultáneamente, que ocurre en un contexto que caracteriza la estructura total del campo de la conciencia en el que hay simultaneidad y sucesión.
Quizá la próxima revolución consista en permitir que “la conciencia salga del cráneo”, modelo propuesto ya en ciernes por la teoría holográfica del cerebro cuando afirma que la conciencia depende de la interpretación de un mundo de frecuencias que está implícito o plegado. En consecuencia, los seres humanos tendrán que percatarse concientemente del proceso a través de la relación con su entorno.


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El materialismo

Una idea de postura materialista fué la del “fantasma en la máquina“, propuesta por Gilbert Ryle, de la universidad de Oxford, en 1949.
      Esta idea afirma -en una desafortunada analogía- como cuando las primeras locomotoras recorrieron las praderas norteamericanas, los pieles rojas al no comprender que las movía, les atribuyeron un caballo en el interior. 
 El filósofo Gilbert Ryle
1900 – 1976
Crédito de imagen:
La analogía que empleó Ryle, fué que al no comprender como funciona el cerebro, le atribuímos del mismo modo que los pieles rojas, un fantasma en el interior, llamado “mente”; quizá no exista un caballo escondido en la locomotora, pero se utilice o nó el vocablo “mente”, el problema sigue en pié.
La postulación de conceptos como el “fantasma en la máquina” es una explicación animista que causa una confusión elemental entre lo que diferencia los seres vivos y los no vivos, que desvía la discusión sobre la relación entre la mente y el cerebro.
Concepción de mente y arte
sincensurate.ning.com
      El hecho que la palabra “mente” o “mental” exista en nuestro vocabulario, permite describir algunos fenómenos interiores que experimentamos con frecuencia y que no requieren de interpretaciones adicionales 1
    El premio Nobel de Medicina John C. Eccles, un ecléctico neurobiólogo partidario del dualismo y del interaccionismo, (dualismo interaccionista) al hablar de la interacción entre el cerebro y los estados de conciencia plantea una respuesta al problema del cerebro y la mente, en la que sugiere el término de “mente autoconsciente. Esta mente autoconsciente conlleva implícitamente una teoría de tipo dualista-interaccionista, que se aplica bien para la mente autoconsciente y el hemisferio dominante del cerebro humano, mientras que es discutible en el caso del hemisferio menor y el cerebro de los animales. Según la hipótesis de Eccles:
“la mente autoconsciente es una entidad independiente entregada activamente a interpretar los centros activos de los módulos de las áreas de relación que hay en el hemisferio cerebral dominante. La mente autoconsciente hace una selección de dichos centros de acuerdo con su atención e intereses e integra su selección para producir la unidad de la experiencia consciente en cada momento. También reacciona sobre los centros nerviosos (…) Se propone que la unidad de la experiencia consciente no procede de una síntesis última de la maquinaria nerviosa, sino de la acción integradora de la mente autoconsciente, ejercida sobre lo que capta en la inmensa diversidad de actividades nerviosas del cerebro de relación (…)”

Dualismo interaccionista

El interaccionismo emergente, también conocido como dualismo2 interaccionista,propuesto por Eccles y Popper, es planteado desde el punto de vista epistemológico como la única posición sostenible de la relación/interacción entre mente y cuerpo, ya que de alguna manera, la ciencia neural cognitiva ha tendido a contemplar el pensamiento de alguna forma como un epifenómeno 3. De acuerdo al neurobiólogo Gerald Fischbach de la universidad de Harvard, “las explicaciones biológicas de los acontecimientos mentales se tornarán más evidentes en cuanto se hallen más definidas las funciones nerviosas componentes, con lo cual dispondremos entonces de un vocabulario más apropiado para la descripción de la mente emergente” 4.
 John Carew Eccles
1903 – 1997
Crédito de imagen: sabiduria.com
Blog de Hugo Landolfi

    Con base en la interacción entre la mente autoconsciente y el cerebro se plantean los siguientes puntos:

  • La relación con los sucesos nerviosos
  • La discrepancia temporal entre los acontecimientos neurales y la vivencia de la mente autoconsciente.
  • La experiencia continua que la mente autoconsciente influye sobre los eventos cerebrales.
  • La unidad de la experiencia conciente.
Al explicar estas cuestiones, la relación con los sucesos nerviosos, la interacción entre la mente autoconsciente y el cerebro suministra un grado de correspondencia, pero no de identidad. Si nos detenemos un poco en esta afirmación, la correspondencia de la actividad superior que supone la conciencia se corresponde en los niveles del sistema nervioso con la llamada prodigalidad neuronal, consistente en la existencia de innumerables secuencias patrones espacio-temporales o engramas.
    En cuanto al planteamiento de discrepancias temporales entre los acontecimientos y las experiencias de la mente autoconsciente, una situación que puede demostrar tal discrepancia es la vivencia del flujo más lento del tiempo experimentado en situaciones de extrema urgencia. 

     A nivel de la experiencia continua que la mente autoconsciente influye sobre los eventos neurales, la demostración viene dada en la acción voluntaria: cuando se intenta recuperar un recuerdo, expresar un pensamiento, hacer un nuevo recuerdo. Si se retoma el planteamiento de la correspondencia, la mente autoconsciente interactúa a nivel cuántico con toda la prodigalidad neuronal de los centros superiores, modificando sus patrones dinámicos espaciotemporales, eligiendo las rejillas presinápticas más adecuadas -de acuerdo al principio de incertidumbre-, se logra sustentar como la mente autoconsciente ejerce una función superior, interpretativa y controladora sobre los acontecimientos neurales, de acuerdo a leyes de física cuántica.

 En cuanto al último planteamiento en relación con el dualismo interaccionista, la unidad de la experiencia conciente, se sustenta en la ausencia de teorías neurofisiológicas que expliquen como la diversidad de los sucesos neuronales llega a sintetizarse de manera que produzca la experiencia conciente y unificada de caracter holístico y global. La mente no es una función del cerebro ni de la corteza en particular. La evidencia experimental de registros de actividad eléctrica en cerebros de primates superiores es que los acontecimientos cerebrales aparecen como dispersos, siendo los aconteceres individuales de las neuronas participantes en los patrones espaciotemporales de actividad. La experiencia de unidad no procede pues, de una síntesis neurofisiológica, sino del carácter integrador de la mente autoconsciente 5.
    Se entiende por cerebro de relación aquellas áreas de la corteza cerebral que son potencialmente capaces de estar en contacto con la mente autoconsciente: tales zonas generalmente se encuentran con el hemisferio dominante.
Representación artística de la corteza humana
    El enfoque de la mente autoconsciente en relación al cerebro permite dar una interpretación del sueño y de la actividad onírica, de los estados inconscientes inducidos por la anestesia, de los comas de diverso tipo y sobre la muerte cerebral.     Adicionalmente la función activa de la mente autoconsciente llega hasta el punto de provocar cambios en los acontecimientos neuronales, de modo que no solamente interpreta los sucesos en desarrollo en la trama neuronal, sino que también los modifica 6.

Eccles describe como la mente autoconsciente al proseguir una línea de pensamientos o al tratar de recuperar un recuerdo, está activamente ocupada en la búsqueda y sondeo de zonas especialmente seleccionadas en el entramado neuronal y en las rejillas presinápticas, pudiendo así regular sus actividades dinámicas de acuerdo a su deseo e interés. Un aspecto primordial de la mente autoconsciente regulando los sucesos en la maquinaria neuronal es la capacidad de producir acciones voluntarias, correspondiéndose con los “potenciales reactivos”. La actividad neuronal en patrones permite que el proceso de “escudriñamiento” de la mente autoconsciente pueda detectar las acumulaciones precisas de actividad neuronal de acuerdo con un patrón temporal.

Cuando se emite la señal para un movimiento voluntario, ocurre un aumento de actividad eléctrica llamado “potencial reactivo”en una amplia zona de la corteza cerebral. A continuación, se sucede un período de latencia -sin niguna actividad- de aproximadamente 800 milisegundos; si se tiene en cuenta que el tiempo de transmisión neuronal de una neurona a otra es de 1 milisegundo, entonces se deduce que hay actividad secuencial en varios cientos de neuronas antes de evocar la descarga de las motoneuronas corticales de Betz. Lo anterior equivale a que durante este tiempo de latencia ocurre la lectura acumulativa de patrones espacio-temporales precisos codificados en las neuronas de la corteza, que se puede igualar con el tiempo de “incubación” de la mente autoconsciente de modo que ésta no puede actuar instantáneamente sobre el córtex cerebral 7.

 El estudio de Libet -citado por Eccles- confirma la presencia del tiempo de latencia -en este caso un cifra menor, de 500 milisegundos-en el cual se produce la mayor complejidad y el aumento de actividad hasta un punto crítico que logra atravesar la línea de separación entre el cerebro y la mente autoconsciente, comportándose en cierta forma como una estructura disipativa. La transmisión de la información del sistema sensorial tiene una serie de relevos que modifican el mensaje: no es absurdo entonces afirmar que el sistema nervioso central recibe una “imagen codificada”, con algún grado de mayor o menor distorsión de los estímulos periféricos; la información así transmitida puede ser manejada e interpretada en la corteza cerebral 8.
De acuerdo al dualismo interaccionista, también se propone que en pacientes con comisurotomía de las fibras del cuerpo calloso la mente autoconsciente solamente podría  “escudriñar” los entramados neuronales del hemisferio dominante. Las pruebas en estos pacientes han demostrado que las experiencias conscientes del sujeto surgen solamente en relación con las actividades neurales del hemisferio dominante.
Las acciones voluntarias iniciadas en el hemisferio menor o no dominante, aunque de carácter inteligente, escaparían a la percepción conciente y en las personas normales solamente acceden a la conciencia una vez transmitidas al hemisferio dominante. Sin embargo, en la comprobación científica de tal afirmación es necesaria la exclusión de la actividad eléctrica originada en patrones de conducta aprendida, para poder determinar fehacientemente que el potencial reactivo es “incubado” por la mente autoconciente en el período de latencia 9. Sperry considera que durante la evolución de la percepción se desarrolló la mente en forma de autopercepción y luego en forma de reflexión, aunque no refiere como ocurre esto. Sin embargo, partiendo de los hallazgos de pacientes con comisurotomía, considera que los sistemas concientes pueden darse simultáneamente en ambos hemisferios e incluso, entrar en conflicto mutuo 10.
 Cerebro como estructura disipativa
Crédito de imagen:
Damasio afirma que existe un “yo” para cada organismo, excepto que haya enfermedades que creen más de uno (como en el trastorno de personalidad múltiple), o altere adversamente el único existente como ocurre en determinadas formas de anosognosia o en algunos tipos de apoplejía. El “yo” dota a nuestra experiencia de subjetividad; no es un “conocedor central”, ni un inspector de todo lo que ocurre en la mente. Para que el estado biológico del yo tenga lugar, debe haber continuidad en las conexiones de los diferentes sistemas orgánicos con los diferentes sistemas cerebrales. Tal afirmación, está a favor de lo dicho por Popper, cuando afirma:

“(…) trato de sugerir que el cerebro lo posee el yo11, más bien que a la inversa. Sugiero que la actividad del yo es la única actividad genuina conocida. El yo psicofísico activo es el programador activo del cerebro ( que es el computador); es el ejecutante cuyo instrumento es el cerebro (…) El yo no es un ‘ego puro’ (…) por el contrario, es increíblemente rico. Como el timonel, observa y emprende la acción al mismo tiempo. Actúa y sufre, evoca el pasado y programa el futuro; espera y dispone. En rápida sucesión o a la vez, contiene deseos, planes, esperanzas, decisiones acerca del modo de actuar, así como una conciencia viva de ser un yo activo, un centro de acción ” 12.

La alteración del flujo normal de estas conexiones neurales de tipo aferente, como ocurre en pacientes con lesión de la médula espinal, produce cambios en el estado mental.

     Existe un experimento que Damasio refiere como “de pensamiento filosófico” llamado “cerebro en una tina”, que consiste en imaginar un cerebro separado de su cuerpo, manteniéndolo vivo en un baño nutriente, y estimulado a través de los nervios ahora colgantes, del mismo modo que si estuviera dentro del cráneo y del cual opina que dicho cerebro no podría tener una mente normal, por la ausencia de estímulos del cuerpo que ya no contribuiría a la modulación de los estados corporales: tales estímulos al no tener ya una posibilidad de representación en el cerebro dejarían de aportar un sólido fundamento de la sensación de “estar vivo”.

Fenomenología

Desde el mismo punto de vista fenomenológico la conciencia como campo hace necesaria la determinación de una totalidad de datos que se experimentan simultáneamente, que ocurre en un contexto que caracteriza la estructura total del campo de la conciencia en el que hay simultaneidad y sucesión, en el que descriptivamente ocurren una serie de actos con “funciones presentativas” en los cuales un sujeto percibe la presencia de un objeto que se le presenta, ya sea el objeto de características materiales, una relación matemática, una composición musical, o la conclusión de una teoría. Tales objetos son experimentados mediante estados de conciencia que tienen formas organizadoras, especificándose psicológicamente en un contexto y físicamente en otro, tal como lo propone Gurtwisch, de acuerdo con las ideas de William James y Mach: no hay distinción desde un carácter último entre los substratos físicos y psicológicos.
Expresándolo de otra forma -continúa Gurtwisch-, la diferencia entre lo físico y lo psicológico depende enteramente del punto de vista que se adopte para estudiarlos y cita a Berger, quien en 1941 refiriera que:

 

“no hay datos que puedan ser considerados exclusivamente como físicos o como psicológicos. Un cierto dato asume el sentido de hecho físico si lo referimos al sistema de movimientos en el espacio, pero si lo consideramos desde el punto de vista personal, adquiere el sentido de hecho psicológico. La mente y el cuerpo no son por consiguiente sustancias o realidades, sino más bien objetos ideales o sistemas de conceptos y significados a los cuales todo acontecimiento puede integrarse. De este modo, no hay forma de creer que estos sistemas sean los únicos posibles (…)”13.

De esta forma, un objeto se enlaza con otros y entra en un sistema de contextos determinados de acuerdo a la preferencia individual, y no se dá en la en la experiencia inmediata a pesar de ser coherente y sistemática. 

De esta forma, la experiencia suele darse como integrante de un contexto, de un sistema o un orden del ser. Los contextos del campo de la conciencia dependen de las conexiones o enlaces que existan entre los términos relativos a todo orden del ser; si estos son heterogéneos, así mismo deben ser sus conexiones 14.
    Al considerar la conciencia como campo, hay otro enfoque según el cual la conciencia es un fenómeno que ocurre “fuera” y cuya procedencia sería desde la Tierra misma. Aunque es de antigua data la aguda división entre el hombre y la naturaleza, ciertamente el hombre es una entidad física, con un cuerpo que se mueve en el espacio, con propiedades biológicas particulares, de modo que hay continuidad con el resto de formas vivientes en la naturaleza.

La conciencia como campo plantea el debate de la existencia de una conciencia planetaria, de una anima mundi, como un tipo de efecto ambiental 15, mientras que los filósofos estoicos desarrollaron la idea de tomar como modelo de vida los procesos naturales, planteando como regla para la mejor actuación “el seguir a la naturaleza“, siguiéndola como una regla prescriptiva de la cual se siguiera ejemplo.

 Al ir un poco más lejos de lo dicho por la ciencia neurológica en relación a los ritmos eléctricos producidos por las neuronas y correlacionándolo con otros tipos no convencionales de fenómenos -los fenómenos psi-, se han hallado relaciones entre los diferentes ritmos del cerebro y los campos electromagnéticos naturales de nuestro planeta. Robert Becker ha propuesto la idea que el sistema de corriente continua del cuerpo o de la cabeza podrían ser los medios que permitan registrar los bajos ritmos de frecuencia del planeta.

La conciencia como campo

El concepto de campo fué presentado en el siglo XIX por Faraday y Maxwell en su descripción de las fuerzas existentes entre cargas y corrientes eléctricas. Un campo eléctrico es una particularidad del espacio que rodea a un cuerpo cargado eléctricamente, que producirá una fuerza sobre cualquier otra carga eléctrica que se halle en ese espacio.
    Los campos magnéticos son aquellos creados por cargas eléctricas en movimiento, es decir por corrientes eléctricas y las fuerzas magnéticas resultantes solo pueden ser percibidas por otras cargas en movimiento. Tanto los campos eléctricos como magnéticos pueden desplazarse a través del espacio como ondas de radio, luz o radiación electromagnática.
    Los trabajos precursores de Gauss y Wilhelm Weber en 1831, hicieron posible la descripción del campo magnético terrestre por la invención del magnetómetro. El campo magnético terrestre se origina en el núcleo del planeta, no es constante, está sujeto a fluctuaciones originadas en las radiaciones solar, cósmica y en las tormentas magnéticas que pueden durar desde varios minutos a días enteros. Einstein consideraba a la materia “como constituida por las regiones del espacio en las cuales el campo era extremadamente intenso (…) y no había lugar para campo y materia, porque el campo es la única realidad”. La concepción de los objetos y fenómenos físicos como manifestaciones transitorias de una entidad esencial es el fundamento de la teoría del campo cuántico 16.
    No se puede experimentar la idea de los campos directamente, excepto bajo los efectos de estados alterados de conciencia, dadas sus características de holismo y continuidad. Los campos tienen entre otras propiedades el poder relacionarse e influírse recíprocamente y ocupar el mismo espacio. Pero los campos son entidades distintas.
    Por ejemplo, los campos electromagnéticos difieren en especie de los campos cuánticos de la materia planteados por la física moderna. En los campos cuánticos las partículas contenidas son “manifestaciones de la realidad subyacente de los campos” y la materia consiste, como lo describe Rupert Sheldrake “en procesos rítmicos de actividad, de energía limitada y modelada dentro de los campos“. Un aporte conceptualmente útil que hace este autor sobre los campos, es que podrían ser el punto de articulación  por medio del cual la mente humana y la biosfera se funden en general17 .
    Para entender un poco más sobre los campos, es necesario conocer sobre las partículas que en la mecánica cuántica son las responsables de las interacciones entre las fuerzas y la materia. Las partículas de las cuales se compone la materia son interacciones entre campos. Un campo, como una onda, se extiende sobre una zona mucho más amplia de la que ocupa una partícula y llena por completo un espacio dado, como por ejemplo el campo gravitatorio de la tierra cuando llena todo el espacio que la rodea de inmediato a ella.
Cuando dos campos interactúan  entre sí no lo hacen de modo gradual ni tampoco en todas  las zonas de contacto: lo hacen de modo instantáneo y en un solo punto del espacio.
    Esta interacción de tipo instantáneo y local es una partícula. La continua creación y  aniquilación de partículas a nivel subatómico es el resultado de una interacción continua entre diferentes campos: esta es la teoría cuántica de los campos. Stephen Hawking relata en la “Historia del tiempo” acerca de las partículas:

“Una propiedad importante de las partículas portadoras de fuerza es que no se comportan de acuerdo al principio de exclusión lo cual significa que que no existe un límite al intercambio que puedan realizar, por lo que pueden dar lugar a fuerzas muy intensas (…) Se dice que las partículas portadoras de fuerza que se intercambian entre sí las partículas materiales son partículas ‘virtuales’, porque al contrario que las partículas ‘reales’ no pueden ser descubiertas por un detector de partículas (…) En este caso se nos muestran como lo que un físico clásico llamaría ondas, tales como ondas luminosas u ondas gravitatorias. A veces pueden ser emitidas cuando las partículas materiales actúan entre sí por medio de un intercambio de partículas virtuales portadoras de fuerza” 18.

     De acuerdo con la teoría cuántica de los campos la realidad física es esencialmente no sustancial y lo único real en ella son los campos. Los campos son la sustancia del universo: la materia, las partículas son manifestaciones momentáneas de la interacción de los campos intangibles e insustanciales. Las interacciones de los campos se asemejan a las partículas porque actúan entre sí abruptamente y en regiones extremadamente pequeñas del espacio. Herman Weyl describe en relación al campo:

Según la teoría del campo de la materia, una partícula material tal como un electrón, es simplemente una pequeña zona de un campo eléctrico, dentro de la cual la fuerza del campo asume valores enormemente altos indicando que una energía comparativamente muy grande está concentrada en un espacio muy pequeño. Tal nudo de energía que de ningún modo se presenta delineado contra el resto del campo, se propaga a través del espacio vacío como una onda de agua sobre la superficie de un lago; no existe una substancia de la que pueda decirse que el electrón está compuesto en todo momento 19.

     Es conocido recientemente como mínimos cambios en la energía solar pueden provocar efectos negativos sobre el planeta y sus organismos: por ejemplo, cuando los vientos solares son muy intensos lo cual ocurre durante los períodos de gran actividad de las manchas solares 20, se producen grandes corrientes que circulan por la ionosfera, generando tormentas magnéticas que alteran el campo electromagnético terrestre y pueden repercutir en alteraciones físicas y psíquicas. Tales alteraciones en el estado de salud son corroboradas por los reportes médicos de mayor cantidad de pacientes con trastornos psiquiátricos del tipo de depresiones e intentos de suicidio y de pacientes con alteraciones cardíacas sugestivas de enfermedad coronaria.
    La actividad eléctrica del sistema nervioso crea un campo energético que se considera portador de información y con funciones reguladoras. El origen del campo magnético que rodea la cabeza tiene su fuente a partir de la actividad eléctrica del cerebro y también se ha detectado en otros órganos, como el corazón. Es conocido el hecho que en organismos vegetales como árboles, los campos 21 eléctricos biológicos sufren modificaciones con las fases lunares, las manchas solares y las tormentas entre otros fenómenos, asociación demostrada por F.S. Northrop y H.S. Burr de la Universidad de Yale en la década de 1930 – 1940.
    Estos científicos sugirieron que dichos campos eléctricos aportaban una especie de patrón o molde electromagnético que  regulaba la pauta de crecimiento y retomaban de alguna forma, el concepto de los “campos morfogenéticos” así denominados por el biólogo Paul Weiss sobre los cuales Rupert Sheldrake propuso una versión más avanzada 22 .
    Los autores e investigadores Tony Buzan y Terence Dixon en su obra “The Evolving Brain – El cerebro evolutivo”, citan a Olaf Stapledon cuando escribió en 1930 sobre una mente grupal, o un “cerebro mundial”, en el que:

“….un sistema de irradiación que abarca todo el planeta que incluye todos los millones de cerebros de la especie, se vuelve la base física de un yo racial. Cada individuo se puede encontrar envuelto en todos los cuerpos de la raza, (…) saboreando en singular intuición todos los contactos corporales, incluidos los de los amantes. A traves de los pies de todo los hombres y mujeres abarca su mundo en un solo paso: Ve con todos los ojos y en una sola visión abarca todos los campos visuales. De este modo, percibe como una sola y continua, toda la superficie del planeta: Se yerque sobre todas las mentes y mira al hombre como este puede mirar sus tejidos vitales, con simpatía y reverencia (…) 23

     Los indígenas de ascendencia tolteca se refieren al maíz como no nacatl,literalmente “nuestra carne”, expresando con ello la conciencia de que la tierra es la que nos brinda la subsistencia. Los trabajos antropológicos realizados con indígenas nahuas en México han mostrado que este pueblo sigue realizando una ceremonia llamada “del recuerdo de la tierra”: esta ceremonia es una oportunidad en la cual la comunidad celebra una serie de rituales en los cuales se perpetúa el recuerdo de la relación con tierra: este sentimiento de integración y de no-separación con que las culturas indígenas expresan su amor a la tierra como un ser vivo y consciente, es un silencioso mensaje para el hombre moderno, cuyo modo de relación con la tierra le ha llevado al borde del caos.
    Carl Jung refiere como “ya no somos individuos sino género” cuando nos identificamos con la función cabal del pensar, y al estar identificados con una función diferenciada la humanidad deviene en una colectividad adaptada, de modo que “el juicio de todas las mentes está expresado por la nuestra” 24, lo cual en un marco interaccionista propone que los fenómenos mentales no dependen únicamente de leyes físicas, sino que también se rigen por leyes propias.
    Al considerar la memoria desde un punto de vista interaccionista, si bien su almacenamiento depende la integridad de un sustrato neural, las propiedades de la mente son tales que los estados mentales pasados son capaces de ejercer influencia directa sobre los estados actuales, sin que dicha influencia dependa del almacenamiento de rastros físicos de memoria, con lo cual la hipótesis locacionista es insuficiente para dar una verdadera explicación a la memoria.
Por lo anterior, si los recuerdos no se almacenan físicamente en el cerebro, no es preciso que ciertos tipos de memoria estén confinados a mentes individuales, con lo cual el concepto jungiano de un incosnciente colectivo heredado que contiene formas arquetípicas podría interpretarse como un tipo de memoria colectiva, justificable desde el punto de vista del interaccionismo, pero que tendría reparos desde el punto de vista mecanicista locacionista 25.
    Se puede retomar el concepto ya planteado en la mecánica cuántica y la mente y en el orden implícito, de como el cerebro analiza la realidad por decodificación de análisis de frecuencias, sumergiéndose en una esfera en la que no hay espacio ni tiempo, sino solamente acontecimientos o frecuencias según lo descrito por Karl Pribram. El físico teórico Fritjof Capra considera que la física puede ayudar a crear una conciencia ecológica y como:

 

“el papel de la mente en los seres humanos, en las sociedades y ecosistemas demuestra lo ligados que estamos con nuestro entorno y si lo destruímos, en últimas nos destruímos a nosotros mismos”.

 Del mismo modo que la función de los ojos es la percepción de las vibraciones luminosas pero no el crearlas, los oídos son capaces de percibir las vibraciones sonoras pero tampoco las crean, el cerebro trata sobre la conciencia pero no la produce. Henri Bergson ya había planteado que el cerebro es un mecanismo reductor, cuyo diseño permitía al organismo enfocar la atención selectivamente a los diferentes estímulos del entorno con el fin de realizar acciones apropiadas. De modo que si el cerebro no actuara como un filtro, no habría discriminación entre la multitud de estímulos que llegarían en un momento dado al individuo. En favor de la función “de filtro” del cerebro, hay evidencia experimental reciente de registros electroencefalográficos que demuestran que el cerebro responde continuamente a los estímulos del medio ambiente de los cuales el individuo no está conciente.

La causación formativa

Por otra parte, se han hecho elegantes elaboraciones al concepto de los campos, mediante la interesante y controvertida hipótesis de la causación formativa, desarrollada por el bioquímico británico Rupert Sheldrake, la cual se basa en un concepto holista que es de los campos morfogenéticos, en el cual propone que:

“tales campos ejercen efectos físicos que pueden ser medidos y son responsables de la organización y forma características de los sistemas en todos los niveles de complejidad, no solamente en el terreno de la biología, sino también en los terrenos de la física y la química. Estos campos organizan los sistemas con los que se relacioonan influyendo sobre sucesos indeterminados o probabilísticos desde un punto de vista energético, imponiendo determinadas restricciones sobre los resultados energéticamente posibles de los procesos físicos” 26.

Rupert Sheldrake
Bioquímico británico
Crédito de imagen: verdor.org
     Si los campos morfogenéticos son responsables de la organización y forma de los sistemas materiales, deben presentar estructuras de campo características que derivan de campos morfogenéticos asociados a sistemas previos. Entonces, los campos morfogenéticos de todos los sistemas anteriores alteran los sistemas similares subsiguientes mediante un efecto acumulativo que actúa a través del espacio y el tiempo. La hipótesis se relaciona pues, con la repetición de formas y modelos de organización, quedando el punto del origen de tales formas y modelos fuera de su ámbito. La hipótesis de los campos morfogenéticos propone predicciones demostrables: si por ejemplo una rata aprende a desarrollar un nuevo modelo de conducta, cuanto mayor sea el número de ratas que aprenden a efectuar dicho modelo, más fácil será que cualquier otra rata lo aprenda. 

Sheldrake propone que si se enseña a miles de ratas en un laboratorio en Londres un determinado trabajo nuevo, el aprendizaje de tal trabajo será más fácil para otras ratas parecidas en cualquier lugar del mundo: si se determina la velocidad de aprendizaje de las ratas en un laboratorio distante en Estados Unidos, antres y después de enseñar a las ratas de Londres, se encuentra que en el último caso las ratas analizadas serían más veloces en su aprendizaje frente a las del primer caso, siempre y cuando no haya comunicación física alguna entre los dos laboratorios.

Los campos morfogenéticos como estructuras de probabilidad en el contexto de la hipótesis de la causación formativa no se definen por precisión, sino por distribuciones de probabilidad. La acción de un campo morfogenético de una estructura jerárquicamente superior sobre sus partes, que son unidades mórficas de nivel inferior, puede comprenderse en términos de la influencia que ejerce esta estructura de probabilidad de nivel superior sobre estructuras de probabilidad de nivel inferior. 

Consecuentemente, durante la morfogénesis el campo de nivel superior modifica la probabilidad de los sucesos probabilísticos en las unidades mórficas de nivel inferior que están bajo su influencia 27.

Yendo un poco más lejos con esta idea, el cerebro vendría siendo –en una burda analogía– una especie de “aparato receptor” o un “filtro receptor” de la conciencia, que con toda la complejidad de su entramado neuronal logra la sintonía con el/los estados de conciencia del mismo modo que un aparato televisor sintoniza con un determinado campo electromagnético para transmitir una imagen.

Pero el cerebro no produce realmente el campo y por consecuencia, buscar la conciencia por “dentro” de los circuitos físicos del cerebro es inútil, del mismo que lo es el buscar la imagen de la  pantalla en los circuitos físicos del televisor. Los circuitos de diferentes componentes del cerebro, vendrían a ser una clase de “transductor” que permite que el cerebro perciba el campo de conciencia, lo cual estaría de acuerdo a las afirmaciones de Persinger relacionadas con los campos naturales de frecuencia bajaque provienen del mismo planeta. El campo de la conciencia implicaría revestir el paisaje terrestre con un manto de paisaje mental, parangonable con la psicósfera de los términos teilhardianos.

Tal vez la próxima revolución  consista en la permisión de que “la conciencia salga del cráneo“, modelo propuesto ya en ciernes por la teoría holográfica del cerebro cuando afirma que la conciencia depende de la interpretación de un mundo de frecuencias que está implícito o plegado. En consecuencia, los seres humanos tendrán que percatarse concientemente del proceso a través de la relación con su entorno. 

La humanidad adquirirá la conciencia en la medida de una mayor comunión o identificación con el campo de la conciencia externo a ella, y en una posibilidad de escala planetaria tal comunión sería facilitada por los campos de frecuencia baja. Con esta óptica, cobra sentido la afirmación de que la materia contiene conciencia y, si logra pasar un lapso suficiente -quizá de millones y millones de años-, podrá llegar a adquirir una tenue percepción de sí misma. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer en lo que dista del conocimiento real de las funciones del cerebro y lo que en realidad sea el proceso de la conciencia.

Referencias

  1. &  Rattray-Taylor, G: El cerebro y la mente. Una realidad  y un enigma. Editorial Planeta, Barcelona, 1979. pp. 285
  2. El origen del dualismo se remonta a la escuela de Parménides de Elea, cuando sostuvo que el Ser era único e invariable, que los cambios no eran posibles y lo que percibíamos como cambios eran ilusiones de los sentidos, a partir de lo cual surgió el concepto de una sustancia indestructible e inmutable. De esta idea también fructificó la del atomismo, en que los átomos como las unidades indivisibles más pequeñas de la materia se movían pasivamente en el vacío sin que se explicara la causa de su movimiento excepto por fuerzas espirituales, fundamentalmente diferentes de la materia. Esta imagen dualista de materia y fuerzas espirituales con el paso del tiempo se convirtió en un elemento importante del pensamiento occidental que dividía la mente y la materia.
  3. &  Thomas NJT: Coding Dualism: Conscious Thought Without Cartesianism. Home Page: Imagination, Mental Imagery, Consciousness, Cognition: Science, Philosophy & History.
  4. &  Fischbach GD: Introducción general. En: Mente y CerebroMonografía de Libros de Investigación y Ciencia. Edit. Prensa Científica, Barcelona. 1993. pp. 15
  5. &  Popper KR, Eccles JC: El Yo y su cerebro. 1ª Ed, 2ª Reimpresión,  Editorial Labor Barcelona, 1985. pp. 406-407
  6. &  Popper KR, Eccles JC: El Yo y su cerebro. 1ª Ed, 2ª Reimpresión,  Editorial Labor Barcelona, 1985. pp. 400
  7. &  Popper KR, Eccles J: El Yo y su cerebro. 1ª Ed, 2ª Reimpresión,  Editorial Labor Barcelona, 1985. pp. 410 y ss
  8. &  Popper KR, Eccles J: El Yo y su cerebro. 1ª Ed, 2ª Reimpresión,  Editorial Labor Barcelona, 1985. pp. 283
  9. En la demostración experimental del potencial reactivo es necesaria la exclusión de patrones previamente aprendidos o “preprogramados”. La mayoría de los movimientos voluntarios son componentes de secuencias complejas en los cuales hay participación de zonas de la corteza y del cerebelo que almacenan memoria de habilidades aprendidas. Es necesaria una evaluación crítica para excluir los efectos del repertorio de acciones automáticas ya aprendidas. En: &  Popper KR, Eccles J: El Yo y su cerebro. 1ª Ed, 2ª Reimpresión,  Editorial Labor Barcelona, 1985. pp. 330, 366
  10. &  Popper KR, Eccles J: El Yo y su cerebro. 1ª Ed, 2ª Reimpresión,  Editorial Labor Barcelona, 1985. pp. 365
  11. Al referirse al yo, Popper cita los dos enunciados kantianos que definen “persona” : “Una persona es un sujeto responsable de sus acciones” y “lo que es consciente de la identidad numérica de sí mismo en tiempos distintos”. &   Popper KR, Eccles JC: El Yo y su cerebro. 1ª Ed, 2ª Reimpresión, Editorial Labor Barcelona, 1985. pp. 129
  12. &  Popper KR, Eccles JC: El Yo y su cerebro. 1ª Ed, 2ª Reimpresión, Editorial Labor Barcelona, 1985. pp. 135
  13. &  Gurtwisch A: El campo de la conciencia. Un análisis fenomenológico. Alianza Universidad – Revista de Occidente. Madrid, 1979. pp. 30
  14. &  Gurtwisch A: El campo de la conciencia. Un análisis fenomenológico. Alianza Universidad – Revista de Occidente. Madrid, 1979. pp. 17, 30, 33
  15. &  Devereux P, Steele J, Kubrin D: Gaia, la Tierra Inteligente. Lerner, con permiso de Editorial Martínez Roca, Bogotá, 1991 pp. 183-185
  16. &  Capra F: El Tao de la Física. Editorial Sirio, Málaga, 1983. pp. 272
  17. &  Devereux P, Steele J, Kubrin D: Gaia, la Tierra Inteligente. Lerner, con autorización de Martínez Roca, 1991. pp. 95
  18. &  Hawking SW: La Historia del Tiempo. Crítica – Grijalbo, Barcelona. 1989 pp. 100-101
  19. &  Citado en: Capra F: El Tao de la Física. Editorial Sirio, Málaga, 1983. pp. 275
  20. Las manchas solares se producen por fuertes explosiones de gases en la corteza solar, tienden a aparecer en regiones del Sol donde su campo magnético es muy fuerte. Estas manchas son cíclicas, con períodos de gran intensidad cada once años, con lapsos de mayor intensidad de dos a tres años, en que las manchas son más intensas y de mayor tamaño que lo habitual. Tomado de: &  Bueno M: El gran libro de la casa sana. Martínez-Roca, 1994. pp. 68-71
  21. El bioquímico Rupert Sheldrake señala que los campos “son las entidades más fundamentales que la materia. No pueden explicarse en términos de materia; más bien la materia se expresa en términos de la energía que hay en los campos”. En: &  Devereux P, Steele J, Kubrin D: Gaia, la Tierra Inteligente. Lerner, con autorización de Martínez Roca, 1991. pp. 95
  22. &  Devereux P, Steele J, Kubrin D: Gaia, la Tierra Inteligente. Lerner, con autorización de Martínez Roca, 1991. pp. 94
  23. &  Buzan T, Dixon T: The Evolving Brain. David & Charles. London. pp. 160
  24. &  Jung C: Tipos psicológicos. 9º Ed. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1964. pp. 137
  25. &  Sheldrake R: Una nueva ciencia de la vida. La hipótesis de la causación formativa. Kairós. Barcelona, 1990. pp 38
  26. &  Sheldrake R: Una nueva ciencia de la vida. La hipótesis de la causación formativa. Kairós. Barcelona, 1990. pp 21
  27. &  Sheldrake R: Una nueva ciencia de la vida. La hipótesis de la causación formativa. Kairós. Barcelona, 1990. pp 100,101
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Alejandro Melo-Florián

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