22. Emoción y sentimiento: utilidad para el razonamiento


22. Emoción y sentimiento: utilidad para el razonamiento


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La emoción y el sentimiento son útiles en el proceso de razonamiento

¿Por qué se incluyen aquí a la emoción y al sentimiento como procesos de soporte útiles para el razonamiento ? No todos los procesos biológicos que culminan en la selección de una opción de respuesta como la más adecuada  están ligados al ámbito del razonamiento y la decisión.
    Razonar y decidir son actividades demandantes y especialmente cuando tienen que ver con la propia vida personal y su contexto personal inmediato. El dominio personal y social inmediato son los que están más cerca y pueden llegar a comprometer el bienestar y la calidad de la supervivencia, de modo que son los que implican una mayor incertidumbre y complejidad. 
    En toda decisión que implique el ejercicio del razonamiento, surgirán en la mente del lector un variado repertorio de imágenes o representaciones del mundo exterior, ya reales o imaginarias que estarán generadas por la complejidad de la situación a la que se enfrenta, que penetran y salen de su percatación en un maremagnum demasiado rico para que él mismo se dé cuenta.
    Ante esta plétora de imágenes y representaciones, ¿cómo decidir sobre la más adecuada ? Las posibilidades que permiten la escogencia de una opción, vienen en la forma de la concepción tradicional de la razón, del proceso de toma de decisiones, mientras que el segundo procede de la hipótesis del marcador somático, como lo propone Damasio.
Jung describe que los antropólogos emplean el término “misoneísmo” para referirse a la resistencia ante situaciones nuevas que suelen exhibir los pueblos primitivos; empero el hombre “civilizado” reacciona de forma parecida ante las ideas nuevas, levantando barreras psicológicas para protegerse de la conmoción de tener que enfrentarse con algo nuevo. No es de extrañar que la psicología al tratar en sus albores con aspectos de la vida emocional se haya encontrado con un misoneísmo extremado1.

La hipótesis del marcador somático

La concepción de razón, a la luz de las concepciones platónicas y cartesianas, dice que la lógica formal por sí misma ofrece la mejor solución posible para cualquier problema, y, para obtener los mejores resultados, la emoción debe quedar por fuera. De tal modo, la capacidad de dominar las emociones que parece ser muy deseable desde un punto de vista, podría ser discutible desde otro porque privaría a las relaciones sociales de variedad, calor y color. A la luz de la racionalidad, el controlar las emociones, se separan los distintos supuestos y se hacen una serie de cálculos complejos repartidos en diversas épocas imaginarias, que hacen necesaria la comparación contra un patrón para que la comparación tenga sentido.

Aitken y Trevarthen refieren como a partir de un complejo anatómico denominado IMF (sigla de Intrinsic Motive Formation) que comprende los componentes límbico y de la sustancia reticular, se determinan los protomapas en la neocorteza emergente y el modelamiento de la circuitería cortical en el estadío fetal.
    Con este principio de morfogénesis, la ontogenia del cuerpo y del cerebro se unifican y se logra inscribir la inteligencia “corporal” en el cerebro, cuyos componentes hablan el mismo lenguaje de movimiento prospectivo y tienen la capacidad de reconocer modelos espaciotemporales  de actividad corporal en un individuo 2.

Como surge la hipótesis del marcador somático

Una parte de este cálculo dependerá de representaciones imaginarias construídas a partir de representaciones visuales y auditivas y de representaciones verbales de tipo narrativo que acompañan a estos supuestos y que son esenciales para el mantenimiento del proceso lógico.
    Sin embargo, si esta estrategia es la única de que se dispone, citando a Damasio, la racionalidad en la forma en que se ha descrito no funcionará, porque el proceso de decisión tomaría un tiempo excesivamente largo, porque no sería fácil conservar en la memoria los muchos parámetros de evaluación para hacer la comparación, de modo que se perderían muchas representaciones intermedias por la capacidad limitada de la atención y la memoria funcional. A pesar de los fallos en la concepción del sentido común y el mal uso que los seres humanos hacemos de la teoría de probabilidades y de la estadística, con frecuencia nuestro cerebro decide bien, en cuestión de segundos o minutos, en función del marco temporal que se considere apropiado 3.
    La hipótesis del marcador somático correspondiente a la teoría de la emoción de James-Lange-Schachter-Damasio, permite sustentar una mayor rapidez en el proceso de decisión, porque marca una “imagen que tiene que ver con el cuerpo”, retomando el concepto de la experiencia emocional como información procedente de la periferia que llega a una corteza activa.
    Los fenotipos conductuales humanos se están relacionando con mayor frecuencia con mecanismos neurobiológicos y con formación física del cuerpo: de aquí resulta la noción de que un trastorno de conducta se puede asociar a una alteración en el cuerpo físico. En psiquiatría se reconocen con mayor frecuencia enfermedades y trastornos corporales asociadas a la enfermedad mental ampliando así el horizonte de la medicina psicosomática.
Cuando un resultado “malo” aparece en la mente conectado a una determinada opción de respuesta, experimentamos un sentimiento desagradable en las entrañas. El complejo amigdaloide o amígdala en su calidad de estructura intermediaria entre los sentidos y las emociones permite que la corteza enfoque su funcionalismo a los estímulos dotados de interés emocional.
    El hecho de la riqueza en opiáceos endógenos de las neuronas amigdalares, permite que las vías de conexión emitidas hasta otras estructuras cerebrales, realicen una función de barrera al liberar los opioides en respuesta a estados emocionales generados en el hipotálamo: de este modo, la amígdala permite que las emociones influyan en lo que se percibe y aprende, de acuerdo a las expectativas individuales y el contexto social 4.
    El marcador somático enfoca la atención sobre un resultado negativo, que funciona como una señal de alarma automática que informa sobre exposición al peligro, con posibles repercusiones sobre la supervivencia de una forma u otra: por esta razón, los episodios con carga emocional provocan una reacción desproporcionada. Esta señal puede llevarnos a un rechazo inmediato de una opción, lo que resultará posiblemente en la escogencia de un número menor de otras alternativas. Damasio define los marcadores somáticos como un “caso especial de sentimiento generado a partir de una emoción secundaria. Estas emociones y sentimientos han sido conectados mediante aprendizaje, a resultados futuros predecibles a partir de determinados supuestos”.
    Y al contrario de los marcadores somáticos negativos como señales de alarma, los marcadores somáticos positivos son un incentivo para la acción. La hipótesis del marcador somático es compatible con la noción de que el comportamiento social efectivo entre los diferentes individuos requiere que cada individuo se forme una idea adecuada de su propia mente y de las mentes de los demás. En tal situación el marcador somático realiza una detección automática de las opciones o componentes de una decisión que son más relevantes. Por ejemplo, el marcador somático explica la elección de acciones cuyas consecuencias inmediatas son negativas, pero que generan resultados positivos en el futuro. De esta forma se puede explicar la fuerza de voluntad, en la que el individuo evalúa una serie de perspectivas decidiendo aceptar una serie de sufrimientos actuales conducentes a una gratificación futura. La fuerza de voluntad es el nombre del proceso que elige en función de los resultados a largo plazo ignorando las consecuencias negativas a corto plazo 5.
Imagen alegórica de fuerza de voluntad
Los marcadores somáticos se suelen crear en nuestro cerebro en aquellas zonas vinculadas con el manejo de las emociones primarias. Anatómicamente, a partir de lesiones focales demostradas en ciertas zonas cerebrales en pacientes en quienes se realizaron experimentos clínicos principalmente para manejo de epilepsia, se logró demostrar que las áreas frontales ventromediales se encargan de manejar la información que tiene que ver con el marcador somático, aún antes de haber participación de las zonas que codifican el pensamiento racional, codificado en circuitos sinápticos presentes en el área frontal ventromedial.
En rojo: Area ventromedial en la parte inferior del cerebro
En color rojo: área ventromedial del cerebro en corte sagital
Tomado con modificaciones de
 

Freud y el malestar en la cultura

Estas zonas cerebrales vinculadas con el manejo de las emociones primarias procesan permanentemente señales que conciernen al comportamiento personal y social, generando pautas para relacionar a un gran número de situaciones sociales con respuestas somáticas adaptativas.
    La mayoría de los marcadores somáticos que empleamos para nuestras decisiones se instalan en nuestro cerebro durante el proceso de educación, con lo cual se hacen asociaciones de mayor especificidad entre clases particulares de estímulos y clases particulares de estados somáticos. La acumulación de tales marcadores requiere que tanto el cerebro como la cultura sean normales. Con cualquiera de estos dos componentes defectuosos, los marcadores dejan de ser adaptativos. Un ejemplo de la disfunción cerebral para aprehender marcadores somáticos es el que surge en la psicopatía o sociopatía. La ausencia del marcador somático ocurre por la disminución o la ausencia de los sentimientos.
En la otra punta del espectro, está la cultura enferma, cuyos efectos sobre un sistema adulto de razonamiento pueden ser devastadores: la guerra es una de las principales enfermedades de la cultura que tiene consecuencias desatrosas sobre una maquinaria adulta de razón presuntamente normal, y explican los casos de Alemania en la segunda guerra mundial, de la revolución cultural en China, de Cambodia durante el régimen del fallecido Pol-pot, de Bosnia bajo Slobodan Milozevic en un anacrónico fin de milenio.

La concepción cultural del bien

Charles Taylor -citado por Wilber6– refiere que cuando cambia el sentido cultural de lo que es el bien, se asocia a nociones diferentes del yo y de lo que es el agente humano. El sentido moderno del yo no está solamente ligado y es posible por la comprensión de lo que es lo bueno, sino que también está acompañado por nuevas formas de narración y nuevas comprensiones de los lazos y relaciones sociales, que desafortunadamente en muchos sectores de la sociedad occidental en que vivimos se están convirtiendo en ejemplos perpetuadores de una cultura enferma.
    La propia integridad y las intenciones son reducidas a un funcionamiento cerebral sano, con lo cual el significado personal se reduce a como se encaja en el comportamiento y el interrogante fundamental sobre el significado de la existencia se convierte en “¿cómo puedo trabajar mejor?”. La adaptación a la sociedad se convierte en la principal medida por la que son juzgadas implícita o explícitamente las modificaciones del comportamiento, no interesando si la adaptación a una sociedad es buena idea o no, sino como se funcionaría mejor en esa sociedad. Si no se está de acuerdo por ejemplo, con la “limpieza étnica”, entonces habrá un medicamento que pueda solucionar ese punto difícil, con lo cual el autoentendimiento es reemplazado por un funcionamiento behaviorista que solamente refuerza la respuesta deseada 7.
En el contexto de los marcadores somáticos, su adquisición es con la experiencia, bajo la guía de un sistema de preferencia interno con determinadas representaciones e imágenes, que reciben la influencia de una serie de circunstancias externas que incluyen entre otras convenciones sociales y normas éticas bajo las cuales el organismo debe actuar. El marcador somático en el marco de una cultura enferma que meramente nos permite juzgar si lo que se espera de nosotros como parte, como fracción para el mantenimiento y la expansión del sistema, encaja con una vida decente, noble y que merezca la pena de ser emulada, que inspire valor y reverencia, admiración y respeto, para evitar que lo bueno, lo verdadero y lo bello sea solo aquello que encaje con el monólogo de la cultura enferma 8.

Referencias

  1. &  Jung CG, von Franz ML, Henderson JL, Jacobi J, Jaffé A: El hombre y sus símbolos. Ediciones Paidós, Barcelona. pp. 31
  2. &  Aitken KJ, Trevarthen C: Self-other organization in human psychological development.Development and Psychopathology 1997; 9: pp 661
  3. &  Damasio AR: El Error de Descartes. Critica-Grijalbo. Barcelona, 1996. pp. 165
  4. &  Mishkin M, Appenzeller T: Anatomía de la memoria. En: Función cerebral. Monografía de Libros de Investigación y Ciencia. Prensa Científica. Barcelona, 1991 pp. 96-106
  5. &  Damasio AR: El Error de Descartes. Critica-Grijalbo. Barcelona, 1996. pp. 167
  6. &  Wilber K: Sexo, Ecología, Espiritualidad. El alma de la evolución. Volumen I Gaia Ediciones, Madrid 1996. pp. 91
  7. &  Wilber K: Sexo, Ecología, Espiritualidad. El alma de la evolución. Volumen I Gaia Ediciones, Madrid 1996. pp. 171
  8. &  Damasio AR: El Error de Descartes. Critica-Grijalbo. Barcelona, 1996. pp. 171

Comments

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emoción y razón

Hasta la fecha, considero que ambos componentes son indisolubles. Consustansiales si se puede decir en otros términos. Al fín de cuentas son conductas y como tal se expresan en acciones concretas. Evidentemente el modelo que Damasio explica con el Marcador Somático, marco un hito en la comprensión de esta dinámica. Desechando mitos y concepciones poco convincentes con la realidad que espera comprender mejor acerca de la conducta humana.
Last edited Jun 12, 2011 8:05 AM

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