21. De empatía y alexitimia en la vida emocional


21. De empatía y alexitimia en la vida emocional


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Empatía y alexitimia

Las personas difieren considerablemente en cuanto a su capacidad para apreciar las orientaciones afectivas de los demás. Sin embargo, en aquellos con la capacidad de entrar vicariamente en la mente de otra persona, simpatizar con ella y tener en cuenta sus sentimientos al tratarla, es lo que se conoce como empatía.
    Hay bastantes diferencias en las capacidades de las personas al respecto y dado que cada persona tiene un conjunto limitado de experiencias que puede plausiblemente atribuir a otros, las clases de personificaciones con que cada uno puede identificarse son probablemente limitadas. La empatía sugiere que las actividades comunicativas solo pueden apreciarse enteramente en el contexto social en que ocurren [1].
    Así como la mente racional se expresa a través de las palabras, la expresión de las emociones es por medio de lenguaje no verbal. En el medio de investigación de las comunicaciones, el 90 % de un mensaje emocional es no verbal. La empatía se construye sobre la conciencia de uno mismo.
    En la medida de estar más abiertos a nuestras propias emociones, surgirá una mayor habilidad para interpretar los sentimientos de quienes nos rodean.
    En contraposición con la empatía, la alexitimia consiste en un desconocimiento de los propios sentimientos, que al extenderse a la esfera de las relaciones con otros, se pone de relieve como una incapacidad para conocer lo que siente quien está con ellos.
Sensación de mariposas en el estómago:

    La habilidad de saber lo que siente el otro sirve a una amplia gama de situaciones de la vida, desde profesionales hasta familiares, incluyendo la compasión y la actividad política. El polo opuesto también es muy revelador: la ausencia de empatía se observa en psicópatas criminales, secuestradores y abusadores de niños. La empatía permite una mejor adaptación social y emocional, el tener mayor popularidad y ser más sensible, en el sentido de advertir con mayor facilidad las necesidades de otros.

Prácticamente desde el día en que nacen, los niños se sienten perturbados cuando oyen llorar a otro bebé, respuesta que es considerada por algunos autores como un precursor temprano de la empatía.

 

Cuando la mente funciona mal

Refiere el neurólogo Antonio Damasio como ninguna otra cosa resulta “tanmorbosamente intrigante y escalofriantemente atractiva que un relato sobre  una mente que funciona mal”. La emoción es un elemento crucial en el proceso del pensamiento racional, lo cual afirma con base en la evidencia de casi dos docenas de pacientes que han exhibido conducta irracional después de cirugías en las que se hizo resección de tumores cerebrales [2].
    En un paciente que describe, un empresario fué sometido a la resección de un tumor en la zona prefrontal, y posterior a esto comenzó a presentar problemas para cumplir citas y hacer las inversiones acertadas, lo cual le llevó a derrochar los ahorros de toda una vida.
    La zona anatómica destruída quirúrgicamente en su cerebro era esencial en la toma de decisiones, pero lo que se deterioró en el paciente fueron las habilidades para experimentar emoción.
    Y aunque el núcleo amigdaliano de este paciente todavía procesaba sensaciones de temor, había otras partes del cerebro importantes en la regulación de la emoción. La emoción deteriorada en el caso de este paciente, no le permitió “sentirse mal” al respecto, con lo cual se perdió la capacidad de actuar posteriormente con más cuidado para evitar situaciones dolorosas en lo sucesivo.
    De hecho, afirma Damasio, la emoción es un elemento clave del aprendizaje y la toma de decisiones: si como en el caso del empresario una inversión se malogra, uno se siente mal al respecto y actúa con más cuidado la próxima vez, algo que este empresario no pudo hacer después de su lesión.

 

            Daniel Goleman refiere como los psicólogos del desarrollo han descubierto que los bebés sienten una preocupación solidaria con otros, incluso antes de darse cuenta plenamente de que existen como seres aparte de los demás. Incluso pocos meses después del nacimiento, los bebés reaccionan ante la perturbación de quienes les rodean como si esa perturbación fuera algo propio, en forma de llanto cuando ven las lágrimas de otro niño [3]. Cuando llegan hacia el año de edad empiezan a darse cuenta que la congoja no es la de ellos, sino la de otra persona, actuando en forma confusa y sin saber que hacer al respecto.
    Los bebés muestran un fenómeno de “mimetización motriz” de acuerdo al sentido original de la palabra empatía, tal como la usó E.B. Titchner, un psicólogo estadounidense hacia la década de los veinte. La empatía surgía de una especie de imitación física de la aflicción del otro, que de tal forma evoca los mismos sentimientos del otro en uno mismo.
Tal mimetismo motriz es una conducta del repertorio de los niños hasta los dos años y medio de edad, que es el momento en que los niños se “dan cuenta que el dolor ajeno es diferente al de ellos mismos”, de modo que son más capaces de controlarlo.
    Marian Radke  y Carolyn Zahn del Instituto de Salud Mental en EE. UU., demostraron que los niños eran más empáticos cuando la disciplina recalcaba la aflicción que su mala conducta producía en alguna otra persona. Igualmente estas autoras descubrieron que al imitar lo que ven, los niños desarrollaron un repertorio de respuestas empáticas que se manifestaba como ayuda a otras personas que están afligidas.

 

Alexitmia

Alexitimia es un término acuñado por Peter Sifneos de la Universidad de Harvard, hacia 1972. Su significado es literalmente “sin palabras para la emoción”.

    En esta situación, las personas carecen  de palabras para expresar sus sentimientos, por lo cual dan la impresión de carecer de sentimientos, aunque esto puede deberse más a su incapacidad para expresarlas que a la ausencia de tales sentimientos. Las personas con alexitimia expresan su dificultad para expresar sus sentimientos y los de quienes les rodean, además de un vocabulario emocional muy limitado.

    Raras veces lloran, pero cuando lo hacen, lloran bastante. Adicionalmente tienen problemas en distinguir una emoción de otra, así como entre emoción y sensación física, son las personas que pueden decir que por ejemplo, sienten “mariposas en el estómago”, palpitaciones, sudores y mareos, en lugar de expresar que sienten ansiedad; no es que los alexitímicos no sientan nada, sino que son incapaces de saber y de expresar en palabras sus reales sentimientos, de modo que la función de la conciencia de sí mismo que permite saber lo que sentimos mientras las emociones se agitan en el interior no ofrece pistas para que un alexitímico lo sepa [4].

    Esta confusión básica sobre la vivencia de un estado de la vida emocional llamado sentimiento, es en ocasiones la causa de problemas médicos indefinidos cuando lo que ocurre en realidad es un trastorno emocional, mimetizándose tal situación ocasionalmente con el fenómeno descrito de somatización en el que se confunde un dolor emocional con uno físico.

    El interés de la psiquiatría en los alexitímicos es el lograr diferenciarlos de aquellos pacientes que van al médico  en  busca de ayuda porque suelen tener una larga búsqueda en pos de un diagnóstico y un tratamiento adecuados para un problema cuya verdadera índole es emocional.
    El doctor Sifneos plantea que en el origen de la alexitimia probablemente existan desconexiones entre dos importantes sistemas en el cerebro, a saber el sistema límbico y los centros verbales del neocórtex. El dilema del alexitímico se podría plantear en los términos de que el no tener palabras para los sentimientos, significa el no poder apropiarse de ellos.

 

Referencias

1.       &  Shibutani T: Sociedad y Personalidad. Paidós. Buenos Aires. 1961 pp 158

2.       &  Damasio A: Una mirada a los secretos de la mente. Summa 1995; 99: 65-73

3.       &  Goleman D: La inteligencia emocional. Editorial Javier Vergara S.A., Buenos Aires, 1996. pp. 125

4.       &  Goleman D: La inteligencia emocional. Editorial Javier Vergara S.A., Buenos Aires, 1996. pp. 72

 

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Alejandro Melo-Florián

Writer, Internal Medicine specialist. Bogotá D.C -Colombia
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